A cargo de MARÍA MARTÍNEZ BARTUAL
(en Valencia, 23 de Noviembre 2010)
SAF-Symposion / Cátedra Zaratustra
afsymposion@gmail.com
Los capítulos a tratar en esta sesión son los cinco primeros de la segunda parte de Así habló Zaratustra. En general, el primero es una mera introducción a la vuelta de Zaratustra entre los hombres, el segundo nos reitera la intención y la doctrina de Zaratustra, mientras que los tres últimos corresponden a tres claras críticas: a los compasivos, a los sacerdotes y a los virtuosos.
Me parecen de vital importancia los dos primeros, pues le dan un enfoque distinto a la forma en que Zaratustra se relaciona con los hombres (sobre todo el primero) aunque no por ello, hemos de olvidar el mensaje que dispara en los tres últimos.
El niño del espejo
Zaratustra está de nuevo en las montañas y en su caverna, en un período de reflexión y aislamiento de los hombres, con intención de esperar al nacimiento de su siembra. Con intención de dejar que cada uno de sus amigos a los que les ha ofrecido su regalo madure por sí mismo su doctrina. Mas no mucho tiempo después, Zaratustra a través de un sueño siente que su doctrina y con ella sus amigos están en peligro. No por ello se asusta sino, al contrario, le produce felicidad y gozo. Incluso siente un impulso irrefrenable de bajar de nuevo a la ciudad y continuar regalando sus palabras. Ahora con más entusiasmo, con más fuerza y más amor.
Es curioso, si nos paramos a mirar con más detalle el sueño, como lo que podría ser interpretado negativamente (dónde tenía que ver su cara ve la cara del demonio) e incluso llamado pesadilla, nuestro protagonista responde a él de forma totalmente contraria. No se agazapa ante la contrariedad y la ofensiva, sino que esta oposición la interioriza como positiva y le hace renacer más feliz y fuerte, incluso agresivo:
“… pues semejante a la aurora, sobre su rostro yacía una felicidad cercana.”
Puede verse en esta faceta de Zaratustra un símil claro con el prólogo. Él está en las montañas y decide bajar a la ciudad a contarles y hablarles a los hombres. Pero, ¿cuál es la diferencia? En mi opinión, hay que buscarla en la fuerza y en el amor con el que Zaratustra baja de nuevo a estar entre los hombres. Ya se ha cansado de la tranquilidad y la calma, ahora coge el caballo salvaje y la lanza para arrastrar tempestuosamente a todo aquel que quiera escucharle. Está dispuesto a amar locamente tanto a amigos como a enemigos, está dispuesto a regalar su “leona Sabiduría” pero no por medios dulces y suaves.
“¡Ay, si mi leona Sabiduría aprendiese a rugir con dulzura”
Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención es precisamente el término “leona Sabiduría”. ¿Por qué utiliza la palabra león?, siendo la misma que una de las transformaciones del espíritu. ¿No podría haber una relación? Es decir, si en Zaratustra hay un cambio en la manera de querer expresar sus palabras, ¿no podríamos decir que Zaratustra experimenta la fuerza del León en sí mismo? Entendiendo al León únicamente como fuerza que junto a la parte de niño que tiene Zaratustra, es una fuerza creadora.
De las islas afortunadas
La idea de que el hombre ha de volcar sus sentidos, sus pensamientos y sus acciones hacia la propia creación del hombre, con un fin que es el Superhombre, es más que reiterada y repetida a lo largo de todo el libro. A pesar de ello, en este capítulo aparece un concepto que es la Voluntad Creadora. Así pues, ¿qué se entiende sobre Voluntad Creadora? Es el querer que el mundo se conforme mundo desde los propios hombres, desde los propios sentidos, pensamientos y acciones de los hombres.
Como bien nos anuncia Zaratustra: “Dios ha muerto” y sin Dios todo lo que consideramos mundo y vemos como mundo es falso, así que, nada está creado. Si no podemos pensar, visualizar y sentir a un Dios volquemos nuestros sentidos en lo terrenal, pensemos, visualicemos y sintamos al Superhombre. Ya que el Superhombre es la parte más terrenal de cada uno de nosotros. Así: si hay Superhombre, el mundo está por crear.
“¿Podrías vosotros crear un Dios?...Mas el Superhombre sí podríais crearlo”
Claro está que los caminos del creador y de los hombres creadores no son fáciles, en ellos hay sufrimiento y transformación. Evidentemente, en la fe y en la creencia de Dios el sufrimiento está justificado por una redención, pero no en el mundo terrenal sino en un trasmundo. Si no hay Dios ¿dónde encuentra justificación y redención el sufrimiento? En respuesta a ello, Zaratustra nos dice:
“Crear- ésa es la gran redención del sufrimiento, así es como se vuelve ligera la vida”
Es en la Voluntad Creadora dónde los hombres deben encontrar justificación a su vida, no en Dios, además es el camino hacia la libertad. “El querer hace libres”. No cualquier querer. Es el querer crear.
Retomando de nuevo la fuerza salvaje con la que Zaratustra baja a la ciudad y relacionando la misma con la fuerza del León, quisiera ahondar más en el concepto fuerza creadora. A raíz de esta frase: “… y si hay inocencia en mi conocimiento, esto ocurre porque en él hay voluntad de crear”, me ha surgido la idea de la inocencia del niño. Como vimos en el primer capítulo De las tres transformaciones el León posee la fuerza y el niño la acción creadora debido a su inocencia. Si relacionamos la fuerza y la voluntad de crear siendo ésta inocente, da lugar a un niño que posee la fuerza del león. A un niño-león.
Por un lado, Zaratustra muestra con su actitud devastadora las garras de las con las que se tiene que valer el hombre y, por otro, con sus palabras dice para qué sirven esas garras, con qué fin. Entonces nos encontramos con una fuerza que va más allá del simple rechazo incondicional y poco reflexivo del León. Estamos ante una fuerza creadora.
De los compasivos
En este capítulo se hace un clara crítica a la compasión entendida desde los valores cristianos, es decir, a la compasión cristiana que bien podríamos llamarla caridad. Entonces ¿qué es, desde una perspectiva religiosa, ser compasivo? Es ayudar al que sufre, es tener pena de él y por simple caridad tener que prestarle tus servicios. Además, el mayor acto de compasión es el que hizo Dios a los hombres. “Dios ha muerto por compasión a los hombres” En este sentido, los hombres le deben a Dios ese favor y le responden siendo compasivos con los demás.
Zaratustra a los compasivos cristianos les responde que les falta pudor, les falta comprensión ante las personas que sufren. Que siendo compasivo no hacen más que seguir haciendo daño e, incluso, creando ese daño. Para Zaratustra ayudar al que sufre es ofenderle. Menos compasión y más alegría. ¿Dónde está el amor en la compasión? No está, no existe, no hay amor entre los hombres compasivos. Si amas a un amigo que sufre, además de ser un lecho duro para él, ámalo por amor a los hombres. Dios ha muerto y no le debes compasión a nadie. El amor está por encima del perdón y la compasión.
Que tus actos como hombre reviertan en los hombres, no estén justificados por un ser inexistente. Que los actos creadores sirvan al hombre para elevarse como hombre.
De los sacerdotes
Siguiendo la línea de los compasivos, aparece en este capítulo la crítica a los sacerdotes. Pues, los compasivos tienen mucho de sacerdote y, viceversa, los sacerdotes tienen mucho de compasivos.
En un momento en el texto Zaratustra llama héroes a los sacerdotes. En cuanto a esta característica que les atribuye, si son héroes para los cristianos, evidentemente, son anti-héroes para Zaratustra y, sobre todo, para el Superhombre. No hay más que ofrecerles a ellos que el silencio y la espada dormida. Frase que hoy en día podríamos traducir en: “no hay mejor desprecio que no hacer aprecio”.
Aún así, qué son los sacerdotes y, a su vez, qué son esos templos que tanto veneran. Son prisioneros de falsos valores y palabras ilusas. Prisioneros que promulgan una verdad enferma dónde el hombre deja de ser hombre. Además, en sus bocas se oyen palabras como humildad y compasión que sólo sirven para vengar el odio hacia los hombres. Pues, si quisieran y amarán a los hombres no serían compasivos y humildes con ellos. El amor pasa por el desprecio al sí-mismo y al otro. Es más, no construirían templos en los que para alzar el espíritu fuera necesario ponerse de rodillas y subir unas escaleras. En el saber del hombre y para el hombre el alma debe volar hacia su altura.
Son, por tanto, espíritus vacíos engañados en una ilusión.
De los virtuosos
¿Quiénes son los virtuosos? ¿Los que buscan una recompensa por su virtud? O ¿los que buscan en su sí-mismo su propia virtud?
Si relacionamos este capítulo con el De la virtud que hace regalos podemos observar que la importancia no reside en qué va a recibir el virtuoso por dar a conocer su virtud, sino en qué hace el virtuoso con su virtud. Cuál es la acción de la virtud. Y, por supuesto, la acción está en el sí-mismo de cada persona.
Para acabar el comentario de los capítulos quisiera exponer una serie de cuestiones a tratar. ¿Podría Zaratustra llamarse a sí-mismo virtuoso? El final del capítulo De las islas afortunadas cuando Zaratustra dice: “ la belleza del superhombre llegó hasta mí como una sombra”. Y, por último, el final de De los virtuosos (paralelismo entre el propio Zaratustra y el mar, que quita y da).
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