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viernes, 8 de octubre de 2010

Primera Sesión del "Seminario Zaratustra"

Valencia, el 12 de octubre de 2010
A cargo de D
ANIEL ILLESCAS URREA

ACERCA DEL “PRÓLOGO” DE ASÍ HABLÓ ZARATHUSTRA

   Zaratustra subió a la montaña, allí pasó 10 años hasta que su corazón experimentó un cambio, el proceso de interiorización había concluido, el silencio se había hecho espíritu, se mostraba ahora como palabra. Había ahora algo que decir después de tanto tiempo enmudecido, después de tanto tiempo ocupado en tareas contemplativas. Había por tanto algo que expresar, algo que contar al mundo, y quién mejor que el Sol como primer oyente de la nueva verdad experimentada: Dios ha muerto, viva el Superhombre. El supremo acreedor no es ya la fuente de toda sabiduría, más bien de toda verdad. Zaratustra invierte la relación entre la luz y aquello a lo que ilumina – lo iluminado. El Sol representa la verdad impuesta, la figura de Dios. Zaratustra se pregunta: ¿qué seria de ti sin nosotros (aquellos a los que iluminas)?, ya te habrías cansado de girar y girar... La verdad como iluminación queda pues en entredicho, esto tiene relación con el sentido que tiene el hecho de que los conceptos que utiliza Nietzsche no tengan un claro referente ideológico, ya que el modo en el que juegan su papel y aquello a lo que refieren o tratan de poner en juego no está en relación con la concepción de verdad que tiene la tradición occidental (Platón, Aristóteles, Cristianismo); véanse por ejemplo Voluntad de Poder, Eterno Retorno, en incluso el tan problemático y a mi parecer abierto concepto de Superhombre. La verdad experimentada por Zaratustra es más bien una verdad que proviene del cuerpo, de lo terrestre sobre lo celeste, de lo material sobre lo ideológico, de algo que no se muestra a la vista, sino que queda oculto tras lo que vemos. De ahí la inversión del platonismo, para el cual lo ideal está por encima de lo material, lo visible por encima de lo sentido, otro tanto pasa con el cristianismo. La verdad aquí es algo más similar a la fuerza, podríamos decir que algo más físico, pero entendido esto no en el sentido científico. Para Platón la verdad provenía de la idea, la idea del Bien primordialmente; para el cristianismo provenía de Dios; en Nietzsche podríamos decir que la verdad proviene de la Fuerza o el Cuerpo. El Cuerpo es el soporte del Alma, aquello sobre lo que recae el peso de lo Ideal. Es esta relación la que debe ser invertida, emanando del cuerpo y de la vitalidad corporal el contenido de la idea. La corriente que es el hombre es impura, debe tornarse océano, es necesario dejar danzar el caos que yace todavía en nuestro interior. Es a la moralidad del hombre occidental y a los valores que porta ésta (felicidad, razón, virtud, justicia, compasión) a la que se dirige la crítica de Nietzsche, ya que esa moral es dañina para la vida, es despreciadora de la vida, y hay pues que trastocarla para poder avanzar en el camino. Son precisamente estas flechas del anhelo y este desprecio de la moral de los débiles (así la llama Nietzsche) lo que posibilitará la llegada del Superhombre y con ello la consecuente superación del hombre, pero ¿llegará el Superhombre? ¿el hombre será superado?; estas son cuestiones que quedan abiertas y que considero el principal motor que impulsa la lectura del texto.
   La labor de Nietzsche en esta obra es una labor doble. Por un lado Nietzsche realiza una crítica en la cual pone en cuestión los principios de la tradición occidental, y por el otro se dedica más bien a aportar parámetros en los que sustentar la filosofía del Superhombre, siendo esta parte positiva en el sentido de su creatividad y no meramente en la negación de la tradición. La parte primera invierte los conceptos del platonismo y del cristianismo, pero su quehacer no se dedica exclusivamente a tal tarea, sino que viene complementada por la fragmentariedad de un pensamiento (si pudiésemos utilizar este concepto) que no puede relacionarse con lo pensado, sino que tiene que abrirse a lo todavía por pensar. No se trataría tanto de construir un corpus estructurado como de crear a partir de lo destruido, a partir de la ausencia de relación ideólogico-histórica. Las bases han sido quebradas, es ahora el momento de crear a través de la negación de la historia, es hora de negar lo negado afirmando un otro no dicho. Ese algo no dicho es ese ir más allá, ese superar lo humano, lo que el hombre ya ha hecho suyo: el orden de la sociedad y la relación que cada “uno” entabla con la misma. Se trata de superar los miedos y lanzarse hacia aquello que nuestro corazón nos dicta. El espíritu de la moderación debe ser superado, el refugio de la felicidad destruido, ya no hay lugar para la conformidad y el amansamiento. Zaratustra comienza hablando al pueblo, al gran otro, pero inmediatamente comprende que no es al pueblo a quien debe hablar, pues esto supondría tomar como referencia la relación entre el pastor y su rebaño, y precisamente su función es la de apartar a la gente del rebaño, encontrar a aquellos que estén dispuestos a ir más allá, a no temer por su propio ocaso, por el ocaso de su identidad, en definitiva, el ocaso de la identidad del mundo. Es así como empieza el ocaso de Zaratustra, ocaso que se ve contrastado con la esperanza de que con esta ausencia quede lugar para un tipo de hombre que sepa despreciarse a sí mismo, que pueda negarse sin negar con ello su vida, que se convierta en océano y deje fluir las fuerzas que luchan por salir.
   Zaratustra se encarará al Sol, rechazará la vida del Sabio y se negará a ejercer de pastor para el pueblo. Zaratustra necesita manos que se ciernan sobre él, compañeros que colaboren en su enmienda, la de no temer el ir más allá del orden establecido, pues Zaratustra es el portador de un nuevo mensaje, el que anuncia la llegada del Superhombre (¿llegará el Superhombre?) y el ocaso del hombre (¿desaparecerá el hombre?). Zaratustra está cansado de su sabiduría, Zaratustra quiere volver a ser hombre.
Daniel Illescas Urrea
SAF - Symposion / Cátedra Zaratustra
afsymposion@gmail.com

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