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domingo, 17 de octubre de 2010

PRESENTACIÓN DE DANIEL ILLESCAS

Leída el 12 de octubre de 2010


ESQUEMA:

  1. Presentación
  2. Introducción al curso
  3. El rechazo de la tradición platónico-aristotélico-cristiana
  4. Superhombre – Escritura fragmentaria
  5. Las dos torres. El peligro de lo humano
  6. El muerto: el compañero que no acompaña

1. Presentación

Zaratustra subió a la montaña, allí pasó 10 años hasta que su corazón experimentó un cambio, el proceso de interiorización había concluido, el silencio se había hecho espíritu, se mostraba ahora como palabra. Había ahora algo que decir después de tanto tiempo enmudecido, después de tanto tiempo ocupado en tareas contemplativas. Había por tanto algo que expresar, algo que contar al mundo, y quién mejor que el Sol como primer oyente de la nueva verdad experimentada: Dios ha muerto, viva el Superhombre. El supremo acreedor no es ya la fuente de toda sabiduría, más bien de toda verdad. Zaratustra invierte la relación entre la luz y aquello a lo que ilumina – lo iluminado. El Sol representa la verdad impuesta, la figura de Dios. Zaratustra se pregunta: ¿qué seria de ti sin nosotros (aquellos a los que iluminas)?, ya te habrías cansado de girar y girar... La verdad como iluminación queda pues en entredicho, esto tiene relación con el sentido que tiene el hecho de que los conceptos que utiliza Nietzsche no tengan un claro referente ideológico, ya que el modo en el que juegan su papel y aquello a lo que refieren o tratan de poner en juego no está en relación con la concepción de verdad que tiene la tradición occidental (Platón, Aristóteles, Cristianismo); véanse por ejemplo Voluntad de Poder, Eterno Retorno, en incluso el tan problemático y a mi parecer abierto concepto de Superhombre. La verdad experimentada por Zaratustra es más bien una verdad que proviene del cuerpo, de lo terrestre sobre lo celeste, de lo material sobre lo ideológico, de algo que no se muestra a la vista, sino que queda oculto tras lo que vemos. De ahí la inversión del platonismo, para el cual lo ideal está por encima de lo material, lo visible por encima de lo sentido, otro tanto pasa con el cristianismo. La verdad aquí es algo más similar a la fuerza, podríamos decir que algo más físico, pero entendido esto no en el sentido científico. Para Platón la verdad provenía de la idea, la idea del Bien primordialmente; para el cristianismo provenía de Dios; en Nietzsche podríamos decir que la verdad proviene de la Fuerza o el Cuerpo. El Cuerpo es el soporte del Alma, aquello sobre lo que recae el peso de lo Ideal. Es esta relación la que debe ser invertida, emanando del cuerpo y de la vitalidad corporal el contenido de la idea. La corriente que es el hombre es impura, debe tornarse océano, es necesario dejar danzar el caos que yace todavía en nuestro interior. Es a la moralidad del hombre occidental y a los valores que porta ésta (felicidad, razón, virtud, justicia, compasión) a la que se dirige la crítica de Nietzsche, ya que esa moral es dañina para la vida, es despreciadora de la vida, y hay pues que trastocarla para poder avanzar en el camino. Son precisamente estas flechas del anhelo y este desprecio de la moral de los débiles (así la llama Nietzsche) lo que posibilitará la llegada del Superhombre y con ello la consecuente superación del hombre, pero ¿llegará el Superhombre? ¿el hombre será superado?; estas son cuestiones que quedan abiertas y que considero el principal motor que impulsa la lectura del texto.

La labor de Nietzsche en esta obra es una labor doble. Por un lado Nietzsche realiza una crítica en la cual pone en cuestión los principios de la tradición occidental, y por el otro se dedica más bien a aportar parámetros en los que sustentar la filosofía del Superhombre, siendo esta parte positiva en el sentido de su creatividad y no meramente en la negación de la tradición. La parte primera invierte los conceptos del platonismo y del cristianismo, pero su quehacer no se dedica exclusivamente a tal tarea, sino que viene complementada por la fragmentariedad de un pensamiento (si pudiésemos utilizar este concepto) que no puede relacionarse con lo pensado, sino que tiene que abrirse a lo todavía por pensar. No se trataría tanto de construir un corpus estructurado como de crear a partir de lo destruido, a partir de la ausencia de relación ideológico-histórica. Las bases han sido quebradas, es ahora el momento de crear a través de la negación de la historia, es hora de negar lo negado afirmando un otro no dicho. Ese algo no dicho es ese ir más allá, ese superar lo humano, lo que el hombre ya ha hecho suyo: el orden de la sociedad y la relación que cada “uno” entabla con la misma. Se trata de superar los miedos y lanzarse hacia aquello que nuestro corazón nos dicta. El espíritu de la moderación debe ser superado, el refugio de la felicidad destruido, ya no hay lugar para la conformidad y el amansamiento. Zaratustra comienza hablando al pueblo, al gran otro, pero inmediatamente comprende que no es al pueblo a quien debe hablar, pues esto supondría tomar como referencia la relación entre el pastor y su rebaño, y precisamente su función es la de apartar a la gente del rebaño, encontrar a aquellos que estén dispuestos a ir más allá, a no temer por su propio ocaso, por el ocaso de su identidad, en definitiva, el ocaso de la identidad del mundo. Es así como empieza el ocaso de Zaratustra, ocaso que se ve contrastado con la esperanza de que con esta ausencia quede lugar para un tipo de hombre que sepa despreciarse a sí mismo, que pueda negarse sin negar con ello su vida, que se convierta en océano y deje fluir las fuerzas que luchan por salir.

Zaratustra se encarará al Sol, rechazará la vida del Sabio y se negará a ejercer de pastor para el pueblo. Zaratustra necesita manos que se ciernan sobre él, compañeros que colaboren en su enmienda, la de no temer el ir más allá del orden establecido, pues Zaratustra es el portador de un nuevo mensaje, el que anuncia la llegada del Superhombre (¿llegará el Superhombre?) y el ocaso del hombre (¿desaparecerá el hombre?). Zaratustra está cansado de su sabiduría, Zaratustra quiere volver a ser hombre.

2. Introducción al curso

Mi introducción al curso es una declaración de intenciones más que una aclaración o presentación de la Cátedra Zaratustra, y me parece que el propio curso no será más, ni menos, que la suma de las intenciones que depositemos cada uno en la “empresa” de llevar adelante este proyecto. Es debido a la experiencia que tengamos del día a día lo que nos dará el empuje para poder sacar algo de provecho del tiempo que invirtamos en ello. ¿Por qué el libro Así habló Zaratustra? A mi entender este libro nos ofrece perspectivas totalmente distintas a las que encontraríamos en cualquier interpretación que nuestro entorno social (hablamos de TV por supuesto, de Cine, sobretodo el más comercial, y de cualquiera de nosotros) realizase, cualquier interpretación que aparezca en nuestra conciencia con una “claridad” abrumadora y una rapidez prácticamente inmediata. Así habló Zaratustra nos sumerge en un plano apenas explorado por nuestra cultura, y eso, por ende, nos incluye a nosotros mismos. Más allá de la claridad de nuestros discursos y nuestras conclusiones yace una manera de plantearnos los conflictos y en general la relación que llevemos entre nuestros semejantes (y también diferentes). Creo que en esta obra, y espero que así sea, logremos dar un enfoque distinto a las relaciones con nosotros mismos y con los demás. Así habló Zaratustra, como trataré de plantear, contiene dos elementos de a pesar de diferenciarse se apoyan mutuamente: una primera parte se compone de una negatividad acerca del modo de vida del hombre occidental, donde se critica el modelo de vida del cristianismo, fruto de la concepción de hombre que surge desde la antigua Grecia con Platón y Aristóteles. Dicha interpretación del hombre está equivocada, y de esto se tratará de ocupar Nietzsche. En una segunda parte ya no se trata de negar nada, sino de establecer (anunciar) la llegada del Superhombre. Si unimos las dos partes nos encontramos con una filosofía que en base a la destrucción de una ideología y a través de la misma construye un horizonte nuevo para el hombre: podríamos decir que en Nietzsche encontramos una destrucción creativa.

3. El rechazo de la tradición platónico-aristotélico-cristiana

Parte crítica: Tradición occidental (Platón – Aristóteles – Moral cristiana).

Creación de lo ultraterreno – desprecio de lo corporal: Felicidad, Razón, Virtud, Justicia, Compasión. Rechazo del modelo de organización social occidental: Pastor – Rebaño.

(Verdad=Belleza=Bondad; Nietzsche: Verdad=Fuerza=Más allá del Bien y del Mal)

Verdad como lo que se Ve, lo que entra por los ojos; Nietzsche: Verdad como lo que se Siente, lo que emana de nosotros, no lo que surge ante nosotros, lo ideal.

Puesta en cuestión de la organización epistemológico-social de occidente: Pastor-Rebaño; Jerarquía Alma/Cuerpo – impureza de la primera al despreciar el cuerpo; Acreedor-Deudor: transposición en la relación entre Dios y sus súbditos; el Sabio, una mezcla entre planta y fantasma; felicidad – conformismo; crítica de la concepción de Sujeto y de la Identidad;

Crítica al espíritu moderado de Aristóteles: el hombre es la línea que se encuentra entre la Bestia y el Superhombre; término medio.

La sabiduría y el sabio. ¿una consideración acerca del arte (poesía, cine, música) – amor a Dios. Vida en soledad con la sola compañía de la naturaleza y el Señor. Sabio, híbrido entre planta y fantasma

4. Superhombre – Escritura fragmentaria

Parte fragmentaria: Nietzsche realiza otra labor en la cual expone los valores resultantes del rechazo de la tradición occidental. Dentro de la positividad de expresión de tales valores Nietzsche no deja claro el contenido de los valores a seguir, lo único que muestra es la estela de aquello que anuncia la llegada del Superhombre, concepto inacabado, concepto que no tiene fin. Es precisamente la ausencia de fin lo que caracteriza al Superhombre, distinguiéndolo de aquel hombre que piensa haber encontrado el espacio espiritual en el que poder descansar para toda la eternidad. Este tipo de hombre es el tipo de hombre que no desea, que se asienta en unos valores preestablecidos y se da por satisfecho con el modo de vida que estos le imponen sin pararse a escuchar su propia voz.

Dios ha muerto, reza Zaratustra; y esto no es más que lo que anuncia la llegada del Superhombre, flecha del anhelo de aquel hombre que busca superarse a sí mismo, de aquel que es capaz de crear sus propios valores, no a través de la reflexión solitaria e individualizante sino a partir del diálogo con el otro: “necesito manos que se tiendan hacia mí”, para ello tendré que tender mis manos hacia los demás.

No se trata ya de la dialéctica entre el amo y el esclavo, no es más ya la afirmación y su negación, sino algo distinto, algo así como la negación de ambos, ausencia que posibilita que haya otra cosa. Zaratustra rechaza ser parte del rebaño, pero no sólo eso, sino que rechaza también ser guía o pastor de los otros. Se trata ahora de hacer lo que uno quiera, y unirse a aquellos que quieren lo mismo, para que el querer crezca y se expanda. Este es para mí el sentido que tiene la apertura (porque no decirlo) al Superhombre. No hagas lo que otros quieran, no hagas que otros hagan lo que tu quieras, haz sin embargo lo que quieras y únete a los que quieren lo mismo que tú: HAZ LO QUE QUIERAS. ¿por qué se interpreta siempre esta expresión de manera negativa?, cuando en cambio el querer debería ser el motor de todas nuestras acciones, si no hay querer ¿qué es lo que nos queda?

Fragmentariedad: multiplicación o proliferación del sentido; descentramiento – contrario a la concentración.

El águila y la serpiente...

5. Las dos torres. El peligro de lo humano

El hombre es la línea que separa a la bestia del Superhombre, sostenida sobre el abismo, por ello todo es peligroso para el hombre, pues un movimiento en falso puede hacerle caer al vacío. El símil con respecto a las dos torres de las cuales de una sale un titiritero y de la otra un bufón pueden servir para comprender la figura del hombre aristotélico (representado por el titiritero) basada en el equilibrio que proporciona la virtud; el bufón podría interpretarse como la voz que susurra al hombre en los momentos que más concentración requiere, y como sucede en el texto arrojarlo al vacío: también recuerda a la función del súper-ego freudiano, la voz que acobarda y hace echarse atrás o reprimirse. Zaratustra se identifica (*) con el titiritero y el bufón; él piensa que el pueblo lo toma por una especie de muerto y loco. Titiritero=muerte – bufón=locura. Cuando el titiritero sale a la cuerda floja que separa las dos torres por una puerta el bufón aparece justo por la otra, enfrentándose a aquel, encarándolo.

6. Apéndice. El muerto – el compañero que no acompaña

Cuando el titiritero cae al vacío y se deposita frente a los pies de Zaratustra éste alude a la concepción del hombre occidental (principalmente platónico-aristotélico como antes he señalado) y promete enterrarlo para que descanse en paz (lo hace colocando su cabeza bajo un árbol). Esto puede entenderse como el entierro de la identidad del sujeto o la persona tal como se entiende en nuestra cultura (greco-romana; judeo-cristiana), el abandono de ese muerto que nos acompaña sin acompañarnos, una voz que nos habla pero que no es capaz de escuchar, en definitiva de una serie de costumbres que desde el exterior marcan nuestras acciones y las encauzan de una manera prácticamente automatizadas. Somos nosotros ese muerto, nuestra concepción de la identidad, de la ley, la manera en la que nos acercamos a los otros, en la que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos. Esta es nuestra carga, una carga a sumar con respecto a la carga de conducir un rebaño, de ser pastor. Zaratustra comprende que no debe ser pastor, y que no debe tener como compañero a un muerto (ser pastor o rebaño), debe en cambio buscar compañeros que colaboren con él en la tarea de hacer apartarse a la gente del rebaño, rechazando el orden preestablecido externamente, heredado y caduco.

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