Dependiente de la SAF - Symposion

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viernes, 29 de octubre de 2010

PRESENTACIÓN DE CARLOS PEDRAZA

3ª Sesión "seminario Zaratustra"

Valencia, 25 de octubre de 2010

Haber leído estos selección de los discursos de Zaratustra me ha hecho reflexionar sobre a quién van dirigidos. “Un libro para todos y para nadie” es la pista que deja Nietzsche. ¿Qué nos quiere decir? El propio Nietzsche consideraba su pensamiento como un pensamiento para otra época, para una época futura. Por ello podemos pensar que las enseñanzas de Zaratustra van dirigidas a un hombre futuro, pero no únicamente esto es así, sino que van dirigidas a cualquier hombre, “para todos y para nadie”, es decir, a cualquiera que asuma la enseñanza/orden de Zaratustra: “el hombre es algo que debe ser superado”. Va dirigido a cualquiera que esté dispuesto a transformar su espíritu, a hacer saltar por los aires su escala de valores, la necesidad de un fundamento último de lo real; asumir la historia del pensamiento occidental como la historia de un error que toca a su fin, casi como una necesidad si queremos que siga existiendo algo así como filosofía, algo así como pensamiento. A lo largo de estos capítulos de Así habló Zaratustra desde “Del pálido delincuente” a “De la guerra y del pueblo guerrero” me propongo examinar esta exhortación de Zaratustra a luz de esta pregunta ¿es Zaratustra un profeta diferente a los demás y nos trae el mensaje del superhombre como un mensaje de libertad que proporciona la voluntad de poder, oponiendo deber a poder? o por el contrario, ¿Zaratustra no es más que otro profeta que pretende que asumamos el correcto camino? La cuestión se presenta compleja, pues Zaratustra anuncia esta nueva libertad como un mandato que debemos cumplir.

Del pálido delincuente

¿Quién es el pálido delincuente al que hay que matar? Este pálido delincuente es aquel que en sus ojos habla el gran desprecio por la vida, por la multiplicidad de lo real frente a la momificación del concepto, frente a la univocidad. Pero precisamente por ello sus ojos también dicen, “mi yo es algo que debe ser superado” Ese yo es el gran desprecio del hombre hacia la vida, es el yo-conciencia unificador de sentido de lo real, el sujeto de una determinada concepción metafísica que ya no da más de sí, por eso está pálido, pues está enfermo.

Por otro lado, matar a este pálido criminal, debe ser una justificación de la vida, matar el yo-conciencia, para afirmar la vida, la creación de nuevos sentidos. La tristeza por la muerte de la metafísica debe ser un amor por el superhombre (el creador, el que asume el vacío dejado por la metafísica)

Este criminal, se ha puesto pálido a consecuencia de su acción. Este hombre una vez ha podido ver los efectos de su acción ha enfermado, al constituir un discurso metafísico que esencializa, momifica, en definitiva petrifica la vida con conceptos unificadores. Es autor de una sola acción, el gran gesto sistematizador de la Modernidad de subsumir todo a un concepto de Razón que conoce de manera mediata a través de un método o procedimiento que le permite unificar la realidad, tal como el proyecto de la Crítica de la Razón pura de Kant. Es posible entonces entender que nos presente la Verdad y la Justicia como demencia, como una demencia que permite al hombre mantenerse largo tiempo en un lamentable bienestar, la comodidad de asumir un modelo de fundamentación que le da tranquilidad y le permita justificarse e imponerlo.

Al final de este discurso Zaratustra se nos revela como un pretil en la corriente, un murete en el puente que nos conduce al superhombre. Entonces, ¿es Zaratustra tan sólo otro profeta más? sus indicaciones nos hacen preferir la posibilidad contraria, pues nos dice: “yo no soy vuestra muleta”.

Del leer y del escribir

En este discurso Zaratustra nos presenta por un lado una crítica, tanto a una educación cada vez más “formal”, como a una cultura en decadencia, como por otro lado nos presenta su propuesta para revitalizar la educación y la cultura.

Zaratustra empieza este discurso estableciendo una identificación entre sangre y espíritu, para después destacar que él (Zaratustra) ama lo escrito con sangre, y la dificultad que presenta comprender la sangre ajena, es decir, el espíritu de otro. Con ello esta denunciando que la actividad intelectual se ha convertido en una cuestión ociosa de diletantes y esto supone un gran problema, pues se acaba de este modo con el espíritu. “Un siglo de lectores todavía – y hasta el espíritu olerá mal.”

Me posiciono en interpretar esto como una crítica a una determinada forma de llevar a cabo la “democratización” de la educación y la cultura, entendida como una igualación meramente formal en lo que respecta a la educación, por un lado y un acceso a una cultura vaciada, que ya no sirve de sustrato sobre el que desarrollar una educación sólida, que permita la formación del individuo de manera integral, por otro lado. Así podemos entender que Zaratustra nos diga “el que a todo el mundo le sea lícito aprender a leer corrompe a la larga no sólo el escribir, sino también el pensar”

La cultura entra en decadencia porque el espíritu primero es Dios, luego hombre y ahora es plebe, sufre un proceso de vaciamiento de sustantividad, la cultura se convierte en una instancia ociosa para deleitarse con ella y hacer meramente discurso.

Sin embargo, Zaratustra trae el valor que ríe, la jovialidad que aporta el poder más, el valor que permite superar ese formalismo decadente. Zaratustra pretende elevar de nuevo el espíritu mediante la jovialidad, la sabiduría que sólo alcanza el hombre que ríe, aquel que con su risa se transfigura y supera la pesadez, el concepto que nos mantiene inmóviles, el procedimiento formal de una Razón que nos encorseta y nos marca un camino. Por eso, “ver revolotear esas almitas ligeras, locas, encantadoras, volubles – eso hace llorar y cantar a Zaratustra.”

Zaratustra afirma la ligereza frente a la pesadez, la risa mata a la pesadez y es entonces cuando puede sentir la jovialidad de poder más, es cuando puede sentir un Dios que baila por medio de él, lo dionisiaco, la ligereza creativa dionisíaca, frente a los saberes momificados y momificadores del crucificado.

Del árbol de la montaña

Este discurso va dirigido a ese hombre que debe perecer para que surja el superhombre.

El hombre moderno que ha crecido en saber y dominio sobre lo real, pero precisamente su crecimiento, entendido como ganar altura es lo que ahora lo pone en situación de poder ser alcanzado por el rayo (que es Zaratustra) y ser destruido.

El hombre ha crecido buscando su libertad, la Ilustración ha hecho crecer al hombre, lo ha situado más alto que nunca antes. Es, entonces, el crecimiento del hombre lo que permite su ocaso y el surgimiento del superhombre.

La Ilustración anunciaba la libertad del hombre gracias a su Razón que todo lo fagocita, sin embargo, no accedía a la libertad plena, mas no por ello se trata de un fracaso, no debe arrojar su amor y esperanza, sino que necesitaba elevarse para luego celebrar su ocaso. Necesita mantener la esperanza, para poder ser todavía noble. El noble que se contrapone a los buenos, capaz de crear cosas nuevas y una nueva virtud frente al bueno que sólo quiere conservar las cosas viejas.

Finalmente Zaratustra nos pone en guardia ante otro peligro. Si perder la esperanza eliminaba la posibilidad de que el hombre se convirtiese en noble, el noble corre otro riesgo, y no es el convertirse en bueno, sino que puede acabar siendo un simple nihilista de metas cortas, un diletante que afirma que “el espíritu es también voluptuosidad” y no aspira a alcanzar el superhombre.

Esto lo podemos tomar, a mi entender, como el peligro de permanecer en un mero nihilismo reactivo que sólo niega y me surge aquí una duda que dejo abierta ¿podemos asociar esta actitud a la del león? ¿Es el león un mero negador que no da el paso hacia el superhombre, que no se plantea grandes metas, sino metas cortas?

De los predicadores de la muerte

En este discurso Zaratustra se dirige a aquellos que hablan del más allá con un mensaje de negación de la vida en la Tierra.

Me gustaría destacar un par de ideas.

En primer lugar esa identificación de la muerte con la vida eterna, crítica que continua con las llevadas a cabo en el discurso de los trasmundanos, y nos muestra la necesidad de descender a la tierra para poder llevar a cabo el gran mandato de Zaratustra: “el hombre debe ser superado”.

En segundo lugar, el texto nos ofrece una sugerencia de cómo concebir esta vida que conecta con la tierra y se aleja del postular un trasmundo: “Si creyeseis más en la vida os lanzaríais menos al instante”. Aquí la conexión con la tierra no sólo tiene una dimensión crítica con aquellos que postulan un trasmundo, sino que además, alcanza una dimensión existencial, pues abrazar la vida es abrazarla como proyecto, no amor al instante, sino amor a la necesidad de hacerse, por expresarlo con aires heideggerianos.

El ocaso del hombre y el surgimiento del superhombre, requiere de un compromiso vital del sujeto, no es una cuestión de ruptura circunstancial sino de asumir una nueva manera de concebir la existencia, entendida como proyecto.

De la guerra y del pueblo guerrero

El discurso va dirigido a fomentar nuestra actitud guerrera, a plantar una guerra a la uniformidad y al concepto petrificado.

La cuestión es ser guerreros del conocimiento, frente al soldado, llevar uniforme, pero no cubrir todo con la uniformidad.

Desde esta actitud guerrera que proclama Zaratustra la finalidad no será la paz, sino que la paz será un medio para la guerra, para la guerra contra aquella actitud uniformadora que pretende asentar verdades canónicas, por eso hay que amar la paz corta, pues la paz duradera desactiva la actitud guerrera y asienta verdades canónicas.

La actitud guerrera es la que encuentra tranquilidad con el arco y las flechas, sin esta tranquilidad de la actitud guerrera nos damos a la charla y a la disputa, es decir, a la actitud de teorizar, de petrificar lo real.

Más adelante Zaratustra emprende una dura crítica contra el kantismo, cuando dice: “la buena guerra santifica toda causa. No la buena causa santifica incluso la guerra”.

Desde una buena voluntad, la autonomía de la voluntad nos proporciona un criterio formal que nos permita santificar una acción y repudiar otra. Sin embargo, si mantenemos una actitud guerrera, nuestra acción será siempre la más elevada.

La cuestión es rechazar una noción de razón asociada al procedimiento o al método, la voluntad de poder como un querer más, frente a la buena voluntad de Kant que proporciona un criterio encorsetador.

Finalmente examinamos la cuestión entonces del deber. Aquí Zaratustra, reformula esa noción de deber de Kant de una manera bastante paradójica para su propio mensaje, pues nos dice, “Tú debes le suena más agradable a un guerrero que yo quiero”. Precisamente el querer de la voluntad, como una voluntad de poder debería desplazar al deber kantiano como principio de acción moral procedimental y unificador.

Sin embargo, juzgo como fundamental este momento del deber, pero no como una noción moral normativa, pues no pretende juzgar sobre el bien y el mal pues no son más que ilusiones de la soberbia de un procedimiento racional, no pretende decirte el superhombre es el bien, debes seguirme si quieres salvarte. Este “tú debes” se corresponde con la consecuencia que surge precisamente de que bien y mal no sean más que meras ilusiones, es decir, la dimensión que nos muestra este deber no es normativa sino un nuevo horizonte de posibilidad que se abre a consecuencia del fracaso de ese concepto de razón ilustrado que pretendía elaborar un discurso de fundamentación.

No se trata pues, de ordenar como un profeta, de erigirse en guía de una nueva fe, sino de decir, este camino está agotado y además es decadente, odia la vida y su multiplicidad, sin embargo, hay otro camino que puedes emprender, Zaratustra sólo lo anuncia.

En consecuencia, no hay que confundir a Zaratustra con una balsa firme en la corriente, sino, no habríamos salido del esquema del trasmundo que proporciona una ficción consoladora de un mundo de idealidades, de verdades inmutables.


domingo, 17 de octubre de 2010

PRESENTACIÓN DE ALBERTO GARAY

2ª Sesión del "Seminario Zaratustra"

Valencia, 17 de octubre de 2010

De camello a niño. De permanecer dormido, anestesiado, acartonado... a despertar dolorido, alegre y vigoroso. De cielo a tierra. De valores tradicionalmente establecidos a unos nuevos valores que deben de ser creados. De lo trascendente a lo inmanente. De hombre a Superhombre.

Este es el camino que, según Nietzsche-Zaratustra, va siendo hora de que se comience a andar, el puente que debe de cruzarse. No obstante, ¿entendemos adecuadamente el mensaje? ¿cuál es el mensaje que Zaratustra quiere compartir con la humanidad (o al menos con parte de ella)? De entrada, parece ser que este mensaje es algo diferente a un deber y, sin embargo, ha llegado el momento, "el hombre es algo que debe de ser superado" .

Que la profecía Nietzscheana es algo diferente del deber parece patente cuando nos habla de las tres transformaciones del espíritu.

El camello dice : Yo debo.

El león dice: Yo quiero.

El niño dice: Yo soy.

Inicialmente, el espíritu es comparado con un camello, un camello que soporta la carga de su chepa, que aguanta el peso humillante de ser servicial con respecto a lo establecido como correcto... lo asentado hace que el camello se arrodille, está sudado como un esclavo mugriento, aparentemente da la sensación de que su sufrimiento es enorme, las condiciones en la que subsiste infrahumanas y sin embargo, si nos fijamos bien, en la comisura de sus labios puede apreciarse un esbozo de sonrisilla extraña, si afinamos el oído podemos desenterrar entre esos labios que parecen los bordes de una herida (abierta pero sin sangre) el esperanzador susurro que exclama: "¡Joder, me estoy ganando el cielo!"

Lo que pretende Zaratustra es dar cuenta de que ese deber de ganarse el cielo, ese sentir la vida terrena como un valle de lágrimas sumisas, es un modo enfermizo de comportamiento, una manera enfermiza de existencia que debería-mos transformar en otro modo más sano.

Esta enfermedad altamente contagiosa y sutil es la joroba tradicional del camello. Esa joroba ha ido fraguándose desde hace infinidad de tiempo debido al miedo. El ser humano siente la necesidad de encontrarse en suelo firme, de que todo esté ordenado y establecido de forma universal y absoluta, por ello asume la idea de que, además de este mundo plural, contradictorio, en continuo movimiento, en vez de las arenas movedizas, el océano abierto, la alta mar... que captamos sensiblemente, debe de haber otro mundo inmaterial, más real, superior, en el que todo esté ordenado, en el que no hay fallo.

Es este miedo al movimiento en tanto que problemático, el miedo al movimiento en tanto que relativizador de lo absoluto y desintegrador de lo unitario que pasa a apreciarse como una mera simplificación, el miedo al caos y a la angustia de lo caduco, es este miedo lo que explica que el ser humano busque el refugio en una ficción (idealista-metafísica) consistente en aceptar un mundo trascendente que otorga unidad y permanencia, es un mundo que debería de existir desde un punto de vista moral, sería lo apreciado como justo desde la escala de valores occidental (siguiendo la línea Parménides-Platón-Kant), pero esta escala es ilusoria según Nietzsche y, a través de Zaratustra, pretenderá su desenmascaramiento acercándose a metáforas y reflexiones que ya acometió en su día Heráclito.

Si, como venimos diciendo, el miedo a la vida inmanente y caduca es el percutor que dispara al ser humano hacia su refugio metafísico, las paredes de esta su guarida no las pintará el miedo si no el odio, o, más bien, las pintará el miedo con la pintura del odio, el odio a la vida, la inversión, el resentimiento, la venganza contra la vida (inmanente y caduca) que hará que esta brille decadentemente negando al cuerpo y sus sentidos, proclamando la preponderancia de la razón.

Así pues, este es el mensaje que Nietzsche-Zaratustra quiere proclamar. Es un mensaje muy diferente al que defienden los sabios tradicionales, es un mensaje completamente opuesto, transvalorado, invertido. El modo de dar cuenta de esta relación antitética entre los dos modos de sabiduría es expresado a través de la metáfora heraclítea del mundo de los dormidos y el mundo de los despiertos. Mientras que los primeros, los dormidos, justificarían, defenderían e inculcarían el sentido y valores preestablecidos, aquellos que se ajustaban a lo trascendente, a lo celeste, siendo camellos que crían a otros camellos, que les engordan la chepa y les ensañan a como llevarla (puestos hasta arriba de opio, anestesiados). Los segundos, los despiertos, serían aquellos que, criticando la visión somnolienta, los ensueños de los dormidos, pretenderían mostrar el sentido de la tierra, esto es lo que hace Zaratustra, él es el despertador despierto que anuncia el Superhombre, que anuncia el sentido de la tierra, el haber acabado el tiempo de los sabios tradicionales que únicamente pretendían enseñar a dormir de forma placentera, a honrar y someterse a la autoridad, al pastor.

El que no pueda dormir que se ponga a contar ovejitas (así nos lo enseñó el pastor), que se ponga a mirar todos los compañeros que le rodean, que duermen profundamente, que se ponga a contarlos siguiendo la corriente del ensueño, del cálido placer del peso de las mantas en invierno... poco tardará en sumergirse él también en esa superficial profundidad. Sin embargo, cabe otra posibilidad más acorde con Zaratustra, que el despierto entre dormidos coja un petardo de esos gordos, que vaya riéndose en busca de alguna cerilla que le permita prenderle fuego a la mecha, que suelte una carcajada enhiesta al dar con ellas y que, con la maldad inocente y traviesa de la trastada de un niño, haga ¡PUM! despertando de este modo a sus compañeras ovejitas que se miran unas a otras viéndose cada vez más como camellos, asustándose del estruendo, sin saber bien que está pasando... les están saliendo garras de las pezuñas y el problema es que no saben si son más león o más camello, son híbridos en metamorfosis que no tienen nada claro hacia quién dirigir su rabia, no saben si descuartizar a ese niño que tiene los grandes ojos despiertos, que ríe desmesuradamente, no saben si darse media vuelta y seguir durmiendo, no saben si rajar al pastor con sus zarpas afiladísimas y quedar desparramados por el bosque, vagabundos, descubriendo el mundo del mismo modo que se descubren a sí mismas, solas y en amenaza constante.

No saben que hacer, no saben que hacer... por eso la mayoría de ellas se quedan metidas en la cama, arropadas por el peso de sus mantas, con los ojos entreabiertos pero sin levantarse, como si fuesen leones amaestrados, deprimidos, con una impotente voluntad de poder, que no les permite atreverse a decir: "¡Buenos días! " , levantándose de un salto de la cama y devorando a todos los indeseables.

Para llevar a cabo la transvaloración, para poder convertirse en niño y crear unos nuevos valores diferentes (por no decir opuestos) a aquellos valores que tradicionalmente han permanecido establecidos, es necesario el acto revolucionario de decir no. Este decir no consiste en un pasar de un yo debo (camellil u ovejil) a un yo quiero (leonil), es la negación de lo celeste, de lo trascendente, un tirar por el suelo todas esas cargas antaño asumidas, un potente decir: "¡Joder, no es necesario!, ¡No quiero esto, quiero...."

El león no sabe lo que quiere, sabe lo que no quiere. Sabe que el mundo es la lucha de la que hablaba Heráclito, de contrarios, de opuestos, de contradicciones...pero sin embargo, no sabe o no tiene claro cuál es el polo opuesto a todo aquello de lo que se ha desembarazado, el polo opuesto de aquello contra lo que lucha, de aquello que por contraste le define... él es lo otro, lo no querido por la mayoría, lo que el quiere ser sin saber qué es... es lo otro.

Siente la rabia que le atraviesa, la fuerza que le hace hervir la sangre hasta quemarla, los músculos que se tensan espasmódicamente anunciándole la batalla, la muerte, el abismo... saca los dientes orgulloso, soberbio, dispuesto a morder pero aún reflexiona desde sus adentros:

"¿tengo que enfrentarme a todos? A los que están en lo tradicional por supuesto pero, ¿y al resto? ¿todo consiste en un estar con nosotros o estar contra ellos? ¿hay amigos y enemigos o es la lucha de todos contra todos?... ¡¡¡Qué bonito sería dar besos pudiendo dar mordiscos!!!

El león aún reflexiona desde sus adentros, su ser es el cuestionamiento, la negación de ese falso conocer anterior, de esa falsa sabiduría infecta a la que estaba enganchada como adicto. Ahora quiere otro conocer más sano que no alcanza desde su subjetividad viciada.

En el momento en el que el león siente desde el cuerpo que su razón, su conciencia, no es el elemento causante de lo que le rodea si no un síntoma de algo más profundo que lo causa... es en ese preciso momento cuando explota su forma leonil como una burbuja de jabón y nace el niño, un niño que es como son todos los niños, es presente, es momento, gesto, inmanencia... un niño que es todo lo contrario a la anestesia, un niño que cuando llora y sufre lo hace hasta el extremo, un niño que cuando ríe y goza lo hace hasta el extremo, un niño desmedido, un niño que sabe lo que es porque no se pregunta por su ser, simplemente dice: "¡SOY!" y jubiloso se pone a caminar disfrutando de estar perdido, de estar descubriendo a su modo particular, ese descubrir creando que todos tuvimos y que nos extirparon con anestesia epidural, ese descubrir creando que dejamos antes de acostarnos en el último cajón de la mesita de noche y, desgraciadamente, olvidamos.

Zaratustra nos "re-cuerda" (desde su "lo-cura") que, si nadie a cogido nuestro descubrir creando, este debe de permanecer allí dónde lo dejamos, que despertemos, salgamos de la cama, abramos el cajón y nos vistamos de niños de nuevo para poder volver a sentir dolor, para poder volver a regocijarnos, para recuperar el vivir, la creación, la tierra... para ser, algún día, superhombres.

Muchos querrán ser ya superhombres, es normal, el niño no quiere demoras, ni pasados ni futuros, lo quiere todo en el momento en el que sus entrañas se lo dicen. Pero este mismo querer ya es una muestra de que el superhombre no ha llegado ni llegará jamás. El superhombre consistiría quizás en que el vestido olvidado que habíamos sacado del cajón arrinconado, aquel vestido que nos habíamos puesto y que nos transformaba en niños, se convirtiese en nuestra verdadera piel, en nuestra piel real... cosa que parece poco factible pero que podríamos entender como un ideal regulativo del cuerpo, como un ideal que no es ideal porque es un sentimiento, como una regulación irregular porque es caótico y no ordenado... el superhombre es un camino, es una forma de caminar, no es un llegar a ningún fin, a ningún objetivo, puesto que el único fin que se establece es la muerte (caducidad) y todo lo objetivo es considerado como residuo de una precomprensión cargada metafísicamente de la noción de absoluto, de universal.

En Nietzsche encontramos la mostración de la subjetividad desubjetivizada, el yo como un reflejo, no como origen y causa si no como consecuencia de una fuerza más profunda que se encuentra en todas las cosas, esa fuerza es la voluntad de poder que únicamente sigue la ley interna de querer ser más, precisamente esa voluntad de poder en el ser humano fue la que le hizo camuflarse en lo trascendente oponiéndose a la vida, haciendo esta más cómoda, más llevadera, más superflua...metabloqueándola.

Es la propia voluntad de poder en el ser humano la que genera como causa la negación de la propia vida.

Es la voluntad de poder como causa la que genera la afirmación de la vida, la transvaloración nietzscheana.

Así pues, si pudiésemos reducir la cuestión a lo meramente lógico podríamos concluir en el absurdo de que la voluntad de poder se opone a si misma.

No obstante, no podemos reducirnos a lo meramente lógico, este es precisamente uno de los frentes de ataque de Nietzsche con respecto a la tradición del pensamiento occidental.

La lógica para Nietzsche no será más que un mero convencionalismo de signos, puede que exprese reglas del lenguaje pero, ni mucho menos es capaz de exponer las leyes necesarias del pensamiento.

Así pues, la lógica no pasaría de ser una simplificación del lenguaje no formal y ello debido a que es considerado el lenguaje como un falseamiento de la realidad, como una fijación que unifica para que podamos entendernos más fácilmente pero que, aunque sea útil, no por ello debemos de olvidar que es una simplificación, un falseamiento.

Es en este sentido en el que Nietzsche afirma:

"¡Ojalá tu virtud sea tan alta que no consienta la familiaridad de los nombres!. Si tienes que hablar sobre ella que no te avergüence el tartamudear.

Podemos apreciar como el autor señala de nuevo su insatisfacción con respecto a la tradición, centrándose ahora en las virtudes. Seguidamente, aclara a que se refiere con eso del tartamudear:

"la que yo amo es la virtud terrestre (...)Tal pájaro ha construido su nido dentro de mi: por ello le amo y le abrazo. Ahora está incubando, dentro de mi, sus huevos de oro.

Así es como debes de balbucear alabando la virtud."

Ese tartamudear, este balbuceo, consiste en que el modo de decir no puede ser reducido al modo lógico y conceptual, tampoco puede reducirse al decir vulgar y común, más bien, el modo de decir con el que siente afinidad Nietzsche es el aforístico, el metafórico, ya que esta forma es una forma deforme, viscosa, no fijada, artística, creativa, abierta... en la que el sujeto tiene que poner algo de su parte, tiene que interpretar aquello que recibe como mensaje del emisor para intentar captar lo que en el lenguaje ha quedado oculto, para intentar desvelarlo.

Esa comunicación que, a fin de cuentas, solo puede ser significativa si se han compartido ciertas experiencias similares (antes que un sentido común un sentimiento común), experiencias afines entre el que interpreta y expresa aquello que ha interpretado de modo metafórico para trasmitir lo indecible, y el que recibe la expresión metafórica y la interpreta para intentar captar ese indecible.

Si existe un común denominador existencial entre emisor y receptor (esa afinidad entre la similitud de experiencias sentidas), crecerán en comprensión de modo paralelo, si no existe este común denominador existencial, cada uno crecerá por diferentes caminos, sin un entendimiento suficiente del otro.

Este último párrafo va más allá de Nietzsche, forma parte de esos metros que necesitas para parar una vez te has embalado. Posiblemente Nietzsche podría decir: ¿por qué parar?. Y yo, seguramente le respondería con un simple: Porque creo que con lo dicho ya hay suficiente (de momento) como para poder rompernos los sesos, abrírnoslos y comérnoslos juntos.

Recapitulando, intenté un dar cuenta de lo que he apreciado en los capítulos en cuestión de un modo quizás un tanto rocambolesco, poco metódico o, al menos, algo extravagante. Sentía la necesidad de ser fiel al autor por lo menos en el modo de decir, poniendo de mi parte, intentando exprimirlo exprimiéndome. La verdad es que no se hasta que punto lo he conseguido.

No obstante, aunque pueda parecer que no haya mucho orden o concierto en estas páginas, en el fondo, se corresponden con el orden que Nietzsche sigue en los capítulos.

He hablado de las tres transformaciones y he procedido a dar cuenta del sentido que creo tienen en Nietzsche. Básicamente, expongo brevemente los pasos dados:

En primer lugar hablé del camello como la tradición y los valores establecidos, elementos que deberían de cambiar, según Nietzsche, por ser expresiones decadentes. Di cuenta del por qué del camello y del contraste entre una sabiduría tradicional y la sabiduría de Zaratustra.

En segundo lugar, me centré en el león como el atreverse a decir no a esa tradición (el león mata al camello), como una especie de nuevo comienzo, de resurgir de la vida a la que, sin embargo, aun le falta algo.

Este algo que faltaba nos lo encontramos en el tercer lugar de la exposición. Toca ahora hablar de los más complicado, del niño como aquel capaz de crear nuevos valores, como superhombre.

Para concluir, a modo de reflexiones finales, me centré en cierta concepción del lenguaje que parece mantiene Nietzsche. De esta concepción lingüística se desprende su particular modo de decir y una crítica a la lógica y a las pretensiones de Verdad (con mayúsculas) propias de la tradición.

Como elementos recurrentes para el coloquio propongo:

  • La contradicción entre el deber en el que consiste el ser camello y el deber que presenta Nietzsche como la necesidad de superar al camello hasta convertirnos en niños creadores.
  • La contradicción de la voluntad de poder consigo misma en tanto que provoca efectos opuestos como son la negación de la vida y la afirmación de la misma.
  • La interpretación sonsacada ha sido, como habréis visto en el documento, una apuesta metafórica y una crítica a la lógica que rompe con el bloque de dichas contradicciones pero.... ¿Qué implicaciones tiene? (relativismo, arte, ciencia...)


ALBERTO GARAY ZABAL

afsymposion@gmail.com

PRESENTACIÓN DE DANIEL ILLESCAS

Leída el 12 de octubre de 2010


ESQUEMA:

  1. Presentación
  2. Introducción al curso
  3. El rechazo de la tradición platónico-aristotélico-cristiana
  4. Superhombre – Escritura fragmentaria
  5. Las dos torres. El peligro de lo humano
  6. El muerto: el compañero que no acompaña

1. Presentación

Zaratustra subió a la montaña, allí pasó 10 años hasta que su corazón experimentó un cambio, el proceso de interiorización había concluido, el silencio se había hecho espíritu, se mostraba ahora como palabra. Había ahora algo que decir después de tanto tiempo enmudecido, después de tanto tiempo ocupado en tareas contemplativas. Había por tanto algo que expresar, algo que contar al mundo, y quién mejor que el Sol como primer oyente de la nueva verdad experimentada: Dios ha muerto, viva el Superhombre. El supremo acreedor no es ya la fuente de toda sabiduría, más bien de toda verdad. Zaratustra invierte la relación entre la luz y aquello a lo que ilumina – lo iluminado. El Sol representa la verdad impuesta, la figura de Dios. Zaratustra se pregunta: ¿qué seria de ti sin nosotros (aquellos a los que iluminas)?, ya te habrías cansado de girar y girar... La verdad como iluminación queda pues en entredicho, esto tiene relación con el sentido que tiene el hecho de que los conceptos que utiliza Nietzsche no tengan un claro referente ideológico, ya que el modo en el que juegan su papel y aquello a lo que refieren o tratan de poner en juego no está en relación con la concepción de verdad que tiene la tradición occidental (Platón, Aristóteles, Cristianismo); véanse por ejemplo Voluntad de Poder, Eterno Retorno, en incluso el tan problemático y a mi parecer abierto concepto de Superhombre. La verdad experimentada por Zaratustra es más bien una verdad que proviene del cuerpo, de lo terrestre sobre lo celeste, de lo material sobre lo ideológico, de algo que no se muestra a la vista, sino que queda oculto tras lo que vemos. De ahí la inversión del platonismo, para el cual lo ideal está por encima de lo material, lo visible por encima de lo sentido, otro tanto pasa con el cristianismo. La verdad aquí es algo más similar a la fuerza, podríamos decir que algo más físico, pero entendido esto no en el sentido científico. Para Platón la verdad provenía de la idea, la idea del Bien primordialmente; para el cristianismo provenía de Dios; en Nietzsche podríamos decir que la verdad proviene de la Fuerza o el Cuerpo. El Cuerpo es el soporte del Alma, aquello sobre lo que recae el peso de lo Ideal. Es esta relación la que debe ser invertida, emanando del cuerpo y de la vitalidad corporal el contenido de la idea. La corriente que es el hombre es impura, debe tornarse océano, es necesario dejar danzar el caos que yace todavía en nuestro interior. Es a la moralidad del hombre occidental y a los valores que porta ésta (felicidad, razón, virtud, justicia, compasión) a la que se dirige la crítica de Nietzsche, ya que esa moral es dañina para la vida, es despreciadora de la vida, y hay pues que trastocarla para poder avanzar en el camino. Son precisamente estas flechas del anhelo y este desprecio de la moral de los débiles (así la llama Nietzsche) lo que posibilitará la llegada del Superhombre y con ello la consecuente superación del hombre, pero ¿llegará el Superhombre? ¿el hombre será superado?; estas son cuestiones que quedan abiertas y que considero el principal motor que impulsa la lectura del texto.

La labor de Nietzsche en esta obra es una labor doble. Por un lado Nietzsche realiza una crítica en la cual pone en cuestión los principios de la tradición occidental, y por el otro se dedica más bien a aportar parámetros en los que sustentar la filosofía del Superhombre, siendo esta parte positiva en el sentido de su creatividad y no meramente en la negación de la tradición. La parte primera invierte los conceptos del platonismo y del cristianismo, pero su quehacer no se dedica exclusivamente a tal tarea, sino que viene complementada por la fragmentariedad de un pensamiento (si pudiésemos utilizar este concepto) que no puede relacionarse con lo pensado, sino que tiene que abrirse a lo todavía por pensar. No se trataría tanto de construir un corpus estructurado como de crear a partir de lo destruido, a partir de la ausencia de relación ideológico-histórica. Las bases han sido quebradas, es ahora el momento de crear a través de la negación de la historia, es hora de negar lo negado afirmando un otro no dicho. Ese algo no dicho es ese ir más allá, ese superar lo humano, lo que el hombre ya ha hecho suyo: el orden de la sociedad y la relación que cada “uno” entabla con la misma. Se trata de superar los miedos y lanzarse hacia aquello que nuestro corazón nos dicta. El espíritu de la moderación debe ser superado, el refugio de la felicidad destruido, ya no hay lugar para la conformidad y el amansamiento. Zaratustra comienza hablando al pueblo, al gran otro, pero inmediatamente comprende que no es al pueblo a quien debe hablar, pues esto supondría tomar como referencia la relación entre el pastor y su rebaño, y precisamente su función es la de apartar a la gente del rebaño, encontrar a aquellos que estén dispuestos a ir más allá, a no temer por su propio ocaso, por el ocaso de su identidad, en definitiva, el ocaso de la identidad del mundo. Es así como empieza el ocaso de Zaratustra, ocaso que se ve contrastado con la esperanza de que con esta ausencia quede lugar para un tipo de hombre que sepa despreciarse a sí mismo, que pueda negarse sin negar con ello su vida, que se convierta en océano y deje fluir las fuerzas que luchan por salir.

Zaratustra se encarará al Sol, rechazará la vida del Sabio y se negará a ejercer de pastor para el pueblo. Zaratustra necesita manos que se ciernan sobre él, compañeros que colaboren en su enmienda, la de no temer el ir más allá del orden establecido, pues Zaratustra es el portador de un nuevo mensaje, el que anuncia la llegada del Superhombre (¿llegará el Superhombre?) y el ocaso del hombre (¿desaparecerá el hombre?). Zaratustra está cansado de su sabiduría, Zaratustra quiere volver a ser hombre.

2. Introducción al curso

Mi introducción al curso es una declaración de intenciones más que una aclaración o presentación de la Cátedra Zaratustra, y me parece que el propio curso no será más, ni menos, que la suma de las intenciones que depositemos cada uno en la “empresa” de llevar adelante este proyecto. Es debido a la experiencia que tengamos del día a día lo que nos dará el empuje para poder sacar algo de provecho del tiempo que invirtamos en ello. ¿Por qué el libro Así habló Zaratustra? A mi entender este libro nos ofrece perspectivas totalmente distintas a las que encontraríamos en cualquier interpretación que nuestro entorno social (hablamos de TV por supuesto, de Cine, sobretodo el más comercial, y de cualquiera de nosotros) realizase, cualquier interpretación que aparezca en nuestra conciencia con una “claridad” abrumadora y una rapidez prácticamente inmediata. Así habló Zaratustra nos sumerge en un plano apenas explorado por nuestra cultura, y eso, por ende, nos incluye a nosotros mismos. Más allá de la claridad de nuestros discursos y nuestras conclusiones yace una manera de plantearnos los conflictos y en general la relación que llevemos entre nuestros semejantes (y también diferentes). Creo que en esta obra, y espero que así sea, logremos dar un enfoque distinto a las relaciones con nosotros mismos y con los demás. Así habló Zaratustra, como trataré de plantear, contiene dos elementos de a pesar de diferenciarse se apoyan mutuamente: una primera parte se compone de una negatividad acerca del modo de vida del hombre occidental, donde se critica el modelo de vida del cristianismo, fruto de la concepción de hombre que surge desde la antigua Grecia con Platón y Aristóteles. Dicha interpretación del hombre está equivocada, y de esto se tratará de ocupar Nietzsche. En una segunda parte ya no se trata de negar nada, sino de establecer (anunciar) la llegada del Superhombre. Si unimos las dos partes nos encontramos con una filosofía que en base a la destrucción de una ideología y a través de la misma construye un horizonte nuevo para el hombre: podríamos decir que en Nietzsche encontramos una destrucción creativa.

3. El rechazo de la tradición platónico-aristotélico-cristiana

Parte crítica: Tradición occidental (Platón – Aristóteles – Moral cristiana).

Creación de lo ultraterreno – desprecio de lo corporal: Felicidad, Razón, Virtud, Justicia, Compasión. Rechazo del modelo de organización social occidental: Pastor – Rebaño.

(Verdad=Belleza=Bondad; Nietzsche: Verdad=Fuerza=Más allá del Bien y del Mal)

Verdad como lo que se Ve, lo que entra por los ojos; Nietzsche: Verdad como lo que se Siente, lo que emana de nosotros, no lo que surge ante nosotros, lo ideal.

Puesta en cuestión de la organización epistemológico-social de occidente: Pastor-Rebaño; Jerarquía Alma/Cuerpo – impureza de la primera al despreciar el cuerpo; Acreedor-Deudor: transposición en la relación entre Dios y sus súbditos; el Sabio, una mezcla entre planta y fantasma; felicidad – conformismo; crítica de la concepción de Sujeto y de la Identidad;

Crítica al espíritu moderado de Aristóteles: el hombre es la línea que se encuentra entre la Bestia y el Superhombre; término medio.

La sabiduría y el sabio. ¿una consideración acerca del arte (poesía, cine, música) – amor a Dios. Vida en soledad con la sola compañía de la naturaleza y el Señor. Sabio, híbrido entre planta y fantasma

4. Superhombre – Escritura fragmentaria

Parte fragmentaria: Nietzsche realiza otra labor en la cual expone los valores resultantes del rechazo de la tradición occidental. Dentro de la positividad de expresión de tales valores Nietzsche no deja claro el contenido de los valores a seguir, lo único que muestra es la estela de aquello que anuncia la llegada del Superhombre, concepto inacabado, concepto que no tiene fin. Es precisamente la ausencia de fin lo que caracteriza al Superhombre, distinguiéndolo de aquel hombre que piensa haber encontrado el espacio espiritual en el que poder descansar para toda la eternidad. Este tipo de hombre es el tipo de hombre que no desea, que se asienta en unos valores preestablecidos y se da por satisfecho con el modo de vida que estos le imponen sin pararse a escuchar su propia voz.

Dios ha muerto, reza Zaratustra; y esto no es más que lo que anuncia la llegada del Superhombre, flecha del anhelo de aquel hombre que busca superarse a sí mismo, de aquel que es capaz de crear sus propios valores, no a través de la reflexión solitaria e individualizante sino a partir del diálogo con el otro: “necesito manos que se tiendan hacia mí”, para ello tendré que tender mis manos hacia los demás.

No se trata ya de la dialéctica entre el amo y el esclavo, no es más ya la afirmación y su negación, sino algo distinto, algo así como la negación de ambos, ausencia que posibilita que haya otra cosa. Zaratustra rechaza ser parte del rebaño, pero no sólo eso, sino que rechaza también ser guía o pastor de los otros. Se trata ahora de hacer lo que uno quiera, y unirse a aquellos que quieren lo mismo, para que el querer crezca y se expanda. Este es para mí el sentido que tiene la apertura (porque no decirlo) al Superhombre. No hagas lo que otros quieran, no hagas que otros hagan lo que tu quieras, haz sin embargo lo que quieras y únete a los que quieren lo mismo que tú: HAZ LO QUE QUIERAS. ¿por qué se interpreta siempre esta expresión de manera negativa?, cuando en cambio el querer debería ser el motor de todas nuestras acciones, si no hay querer ¿qué es lo que nos queda?

Fragmentariedad: multiplicación o proliferación del sentido; descentramiento – contrario a la concentración.

El águila y la serpiente...

5. Las dos torres. El peligro de lo humano

El hombre es la línea que separa a la bestia del Superhombre, sostenida sobre el abismo, por ello todo es peligroso para el hombre, pues un movimiento en falso puede hacerle caer al vacío. El símil con respecto a las dos torres de las cuales de una sale un titiritero y de la otra un bufón pueden servir para comprender la figura del hombre aristotélico (representado por el titiritero) basada en el equilibrio que proporciona la virtud; el bufón podría interpretarse como la voz que susurra al hombre en los momentos que más concentración requiere, y como sucede en el texto arrojarlo al vacío: también recuerda a la función del súper-ego freudiano, la voz que acobarda y hace echarse atrás o reprimirse. Zaratustra se identifica (*) con el titiritero y el bufón; él piensa que el pueblo lo toma por una especie de muerto y loco. Titiritero=muerte – bufón=locura. Cuando el titiritero sale a la cuerda floja que separa las dos torres por una puerta el bufón aparece justo por la otra, enfrentándose a aquel, encarándolo.

6. Apéndice. El muerto – el compañero que no acompaña

Cuando el titiritero cae al vacío y se deposita frente a los pies de Zaratustra éste alude a la concepción del hombre occidental (principalmente platónico-aristotélico como antes he señalado) y promete enterrarlo para que descanse en paz (lo hace colocando su cabeza bajo un árbol). Esto puede entenderse como el entierro de la identidad del sujeto o la persona tal como se entiende en nuestra cultura (greco-romana; judeo-cristiana), el abandono de ese muerto que nos acompaña sin acompañarnos, una voz que nos habla pero que no es capaz de escuchar, en definitiva de una serie de costumbres que desde el exterior marcan nuestras acciones y las encauzan de una manera prácticamente automatizadas. Somos nosotros ese muerto, nuestra concepción de la identidad, de la ley, la manera en la que nos acercamos a los otros, en la que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos. Esta es nuestra carga, una carga a sumar con respecto a la carga de conducir un rebaño, de ser pastor. Zaratustra comprende que no debe ser pastor, y que no debe tener como compañero a un muerto (ser pastor o rebaño), debe en cambio buscar compañeros que colaboren con él en la tarea de hacer apartarse a la gente del rebaño, rechazando el orden preestablecido externamente, heredado y caduco.

viernes, 8 de octubre de 2010

Primera Sesión del "Seminario Zaratustra"

Valencia, el 12 de octubre de 2010
A cargo de D
ANIEL ILLESCAS URREA

ACERCA DEL “PRÓLOGO” DE ASÍ HABLÓ ZARATHUSTRA

   Zaratustra subió a la montaña, allí pasó 10 años hasta que su corazón experimentó un cambio, el proceso de interiorización había concluido, el silencio se había hecho espíritu, se mostraba ahora como palabra. Había ahora algo que decir después de tanto tiempo enmudecido, después de tanto tiempo ocupado en tareas contemplativas. Había por tanto algo que expresar, algo que contar al mundo, y quién mejor que el Sol como primer oyente de la nueva verdad experimentada: Dios ha muerto, viva el Superhombre. El supremo acreedor no es ya la fuente de toda sabiduría, más bien de toda verdad. Zaratustra invierte la relación entre la luz y aquello a lo que ilumina – lo iluminado. El Sol representa la verdad impuesta, la figura de Dios. Zaratustra se pregunta: ¿qué seria de ti sin nosotros (aquellos a los que iluminas)?, ya te habrías cansado de girar y girar... La verdad como iluminación queda pues en entredicho, esto tiene relación con el sentido que tiene el hecho de que los conceptos que utiliza Nietzsche no tengan un claro referente ideológico, ya que el modo en el que juegan su papel y aquello a lo que refieren o tratan de poner en juego no está en relación con la concepción de verdad que tiene la tradición occidental (Platón, Aristóteles, Cristianismo); véanse por ejemplo Voluntad de Poder, Eterno Retorno, en incluso el tan problemático y a mi parecer abierto concepto de Superhombre. La verdad experimentada por Zaratustra es más bien una verdad que proviene del cuerpo, de lo terrestre sobre lo celeste, de lo material sobre lo ideológico, de algo que no se muestra a la vista, sino que queda oculto tras lo que vemos. De ahí la inversión del platonismo, para el cual lo ideal está por encima de lo material, lo visible por encima de lo sentido, otro tanto pasa con el cristianismo. La verdad aquí es algo más similar a la fuerza, podríamos decir que algo más físico, pero entendido esto no en el sentido científico. Para Platón la verdad provenía de la idea, la idea del Bien primordialmente; para el cristianismo provenía de Dios; en Nietzsche podríamos decir que la verdad proviene de la Fuerza o el Cuerpo. El Cuerpo es el soporte del Alma, aquello sobre lo que recae el peso de lo Ideal. Es esta relación la que debe ser invertida, emanando del cuerpo y de la vitalidad corporal el contenido de la idea. La corriente que es el hombre es impura, debe tornarse océano, es necesario dejar danzar el caos que yace todavía en nuestro interior. Es a la moralidad del hombre occidental y a los valores que porta ésta (felicidad, razón, virtud, justicia, compasión) a la que se dirige la crítica de Nietzsche, ya que esa moral es dañina para la vida, es despreciadora de la vida, y hay pues que trastocarla para poder avanzar en el camino. Son precisamente estas flechas del anhelo y este desprecio de la moral de los débiles (así la llama Nietzsche) lo que posibilitará la llegada del Superhombre y con ello la consecuente superación del hombre, pero ¿llegará el Superhombre? ¿el hombre será superado?; estas son cuestiones que quedan abiertas y que considero el principal motor que impulsa la lectura del texto.
   La labor de Nietzsche en esta obra es una labor doble. Por un lado Nietzsche realiza una crítica en la cual pone en cuestión los principios de la tradición occidental, y por el otro se dedica más bien a aportar parámetros en los que sustentar la filosofía del Superhombre, siendo esta parte positiva en el sentido de su creatividad y no meramente en la negación de la tradición. La parte primera invierte los conceptos del platonismo y del cristianismo, pero su quehacer no se dedica exclusivamente a tal tarea, sino que viene complementada por la fragmentariedad de un pensamiento (si pudiésemos utilizar este concepto) que no puede relacionarse con lo pensado, sino que tiene que abrirse a lo todavía por pensar. No se trataría tanto de construir un corpus estructurado como de crear a partir de lo destruido, a partir de la ausencia de relación ideólogico-histórica. Las bases han sido quebradas, es ahora el momento de crear a través de la negación de la historia, es hora de negar lo negado afirmando un otro no dicho. Ese algo no dicho es ese ir más allá, ese superar lo humano, lo que el hombre ya ha hecho suyo: el orden de la sociedad y la relación que cada “uno” entabla con la misma. Se trata de superar los miedos y lanzarse hacia aquello que nuestro corazón nos dicta. El espíritu de la moderación debe ser superado, el refugio de la felicidad destruido, ya no hay lugar para la conformidad y el amansamiento. Zaratustra comienza hablando al pueblo, al gran otro, pero inmediatamente comprende que no es al pueblo a quien debe hablar, pues esto supondría tomar como referencia la relación entre el pastor y su rebaño, y precisamente su función es la de apartar a la gente del rebaño, encontrar a aquellos que estén dispuestos a ir más allá, a no temer por su propio ocaso, por el ocaso de su identidad, en definitiva, el ocaso de la identidad del mundo. Es así como empieza el ocaso de Zaratustra, ocaso que se ve contrastado con la esperanza de que con esta ausencia quede lugar para un tipo de hombre que sepa despreciarse a sí mismo, que pueda negarse sin negar con ello su vida, que se convierta en océano y deje fluir las fuerzas que luchan por salir.
   Zaratustra se encarará al Sol, rechazará la vida del Sabio y se negará a ejercer de pastor para el pueblo. Zaratustra necesita manos que se ciernan sobre él, compañeros que colaboren en su enmienda, la de no temer el ir más allá del orden establecido, pues Zaratustra es el portador de un nuevo mensaje, el que anuncia la llegada del Superhombre (¿llegará el Superhombre?) y el ocaso del hombre (¿desaparecerá el hombre?). Zaratustra está cansado de su sabiduría, Zaratustra quiere volver a ser hombre.
Daniel Illescas Urrea
SAF - Symposion / Cátedra Zaratustra
afsymposion@gmail.com

martes, 5 de octubre de 2010

IMPORTANTE - Cambio de fechas

Os comunicamos que ha habido cambios en las fechas. El día del seminario pasa a los martes, porque alguno de los interesados tenía incompatibilidades. Eso supone que las primeras sesiones, de las previstas hasta ahora, serán las siguientes:

I - Día 12 de octubre. Sesión preparada por Daniel Illescas, concierne al 'Prólogo' de Así habló Zarathustra.
II - Día 19 de octubre Sesión preparada por Alberto Garay; concierne a los Discursos: desde el primero hasta 'De las alegrías y las pasiones'
III - Día 26 de octubre. Sesión preparada por Carlos Pedraza; concierne a los Discursos: desde 'Del pálido criminal' hasta 'De la guerra y del pueblo guerrero'.
IV - Día 2 de noviembre. Sesión preparada por Alfonso Gracia; concierne a los Discursos: desde 'Del nuevo ídolo' hasta 'De las mil metas y de la única meta'.

Por supuesto que sigue abierta, y seguirá hasta el final, la posibilidad de re-cambios de fecha. Pero os rogamos que los solicitéis con la mayor antelación.

No es obligatorio, pero dado que el lugar del seminario es una casa particular, convendría que os pusiérais en contacto con nosotros para confirmar la asistencia, y especificaros la dirección. Como siempre, remitíos a la dirección: afsymposion@gmail.com